Una hoja del árbol
Después de años de leer a Agustin Fest en su árbol de los mil nombres, resulta que gracias a una convocatoria en facebook uno de mis textos es ahora hoja: http://arbol.milnombres.net/wp/2009/12/21/invitada-los-calzones-de-la-princesa-peach/
En el piso de piedra están las plumas de los restos de una almohada y unas pantaletas de encaje color durazno. En la cama yacen una mujer rubia y algo regordeta y lo que parece su compañero tapado con un edredón. Ella suspira con una sonrisa pícara en el rostro dormido. Sueña.
En el sueño vive en el hogar de sus padres. El castillo está rodeado de jardines y alguien es el encargado de su cuidado. Ella juega en el pequeño lago y corta flores. Las rosas son sus favoritas. Espinarse le da el pretexto perfecto para hablarle: ―Señor jardinero, me acabo de espinar, mire, me sangra el dedo, me duele―. Él, caballeroso, siempre respondía con un beso en la herida y una mirada cuyo resultado era la humedad en las pantaletas de la chica.
El jardinero sólo se atrevía hasta ese beso. Ella tampoco sabía cómo llegar a más sin perder el honor del que tanto hablaba la reina. Pasó el tiempo, como dice en los cuentos, y la chica no lo fue más. Una tarde bajó al jardín decidida. Cortó un ramo de rosas y lo abrazó. Las espinas se encajaron en sus brazos y en su pecho. Presta, buscó al jardinero. ―Querido amigo ¿has visto? Me lastimé aquí y aquí, me duele―. Él, como siempre, le besó el dedo y luego subió la mirada. Los ojos de ella invitaban a seguir. Los labios besaron el antebrazo, la lengua siguió hasta llegar a la siguiente herida. Un beso en la clavícula y otro suave, apenas esbozado, en el seno derecho. Las manos de ella aferraron el jubón. Él siguió. La mano rozó entonces el seno izquierdo, lo apretó un poco, lo justo para sentirlo bajo el terciopelo. Los labios buscaron la otra boca. Besos de cerveza y licores finos. Las manos recorriendo la espalda del otro entre caricias ella, buscando el cordel que ataba el vestido él.
Por fin, cae la ropa. El terciopelo es ahora la alfombra bajo la que ella siente el peso del hombre, el encuentro de los centros al ritmo de la respiración. Jadeos y caricias en el pecho, la espalda, besos en los senos y las manos que bajan hacia las nalgas. Más rápido, los jadeos son menos, sólo se escucha la respiración entrecortada y el ruido de la piel que roza húmeda de sudor, deseo y un poco de miedo, del susto de ser descubiertos. El ritmo disminuye mientras ella arquea el cuerpo y siente cómo su cuerpo se parte en dos al estallido de él. Su mano atrapa el pelo, gime, lo besa en la barbilla, el cuello, la boca. Gime de nuevo y entonces sucumbe al estremecimiento que hace que todo tenga sentido.
Despierta, ve su ropa en el piso, él tendido a su lado. Los calzones parecen burlarse del poco control de la princesa. El edredón se mueve un poco mientras la garra de una tortuga dragón, que una vez tuviera de oficio el cuidado del jardín, la abraza.
This entry was posted on Tuesday, December 22nd, 2009 at 11:08 am and is filed under Noticias y novedades, Relatos, cuentos y mini ficciones. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.



December 27th, 2009 at 11:28 pm
Muchas gracias por responder a la convocatoria.
Me encantó tu texto.
December 31st, 2009 at 12:36 pm
Feliciades, amiga, buen texto, cada día encuentras más y más tu estilo. Bendiciones todas para el ciclo que comienza. Te abrazo.
January 4th, 2010 at 6:46 pm
Árbol-Agustín fue un placer y el hecho de que te haya gustado el texto, bueno, tengo días como pavorreal, jejeje.
January 4th, 2010 at 6:48 pm
Amiga, es rico encontrar el estilo, la voz cada día más clara.. Bendiciones también para este ciclo que comienza, más letras y temas distintos.
Abrazos