Nacer de nuevo
El laberinto es uno y varios. Cada puerta que se atraviesa es una meta y el abismo hacia otras vidas, otros retos, más miedos. Un día, una de las habitantes de los laberintos interiores, harta de la batalla por crecer, decidió asentarse en un sitio seguro y construyó una pequeña casa en la cual estar a salvo de los habitantes del lugar.
El tiempo pasó y la casa cerró sus ventanas para protegerla del frío, bloqueó su puerta para impedir que cualquier extraño molestara a su ama; la casa se transformó en crisálida.
Sólo que las cosas cambian, y una noche de luna sonriente, la mujer despertó tras de el letargo para desgarrar el capullo que cubría su piel.
Con dolor y miedo, la oruga se desprende de su capullo; con ese mismo susto, con un dolor semejante, la mujer emerge de las cuatro paredes invisibles que la ataban a sí misma. Cambia de piel y se atreve a luchar de nuevo en el laberinto. Vive día a día, se sueña libre o una presa más, quizá, en los breves lapsos de relajación escribe, o sólo avanza un paso, sólo uno, para –si la suerte y los hados quieren– encuentre la salida y pueda despertar.
This entry was posted on Tuesday, March 4th, 2008 at 4:00 pm and is filed under Arte e imágenes, Laberintos, Pensamientos y reflexiones, Relatos, cuentos y mini ficciones. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.



March 4th, 2008 at 5:34 pm
Sacudase pues!!!