Laberinto XV
Una cúpula antigua roja y ocre destaca contra el cielo ínidgo del anochecer. Las luces ambarinas escondidas tras los muros de canteras de otro siglo, otro tiempo, resaltan los colores y les imprimen modernidad. Las canaletas para el desagüe transformadas en flores prometen bañar con su néctar a quien ose pasar bajo ellas una vez terminada la lluvia.
La callejuela adyacente se cubre de adoquín disparejo, sombra del paso de viajeros y peregrinos. Ella arrastra los pies cansados por dicha calleja y atraviesa el arco que se abre a la plaza. Un espacio ampli, cuadrangular, se despliega ente la mirada -también cansada- de la viajera, la tienta a descansar, a buscar refugio.
Ella toca una de las columnas de sosten del arco y escucha: rumores de los marchantes del día de mercado, gritos alborozados deinfantes corriendo detrás de las burbujas; susurros de parejas paseando de la mano, el roce de los labios y los silencios superados con promesas insertadas en los ojos. Sólo son ecos. El silencio nocturno la saca de su meditación.
La viajera avanza. La mirada por encima del hombro. Nadie la sigue, no hay pasos ni ruidos salvo los propios, descalzos en la piedra fría y húmeda de rocío. Al fondo un kiosco se siluetea; a la derecha la puerta de la iglesia, aquella dueña de la cúpula ocre. Otro paso más y recarga su cuerpo contra la piedra. Quizá hoy pueda descansar.
This entry was posted on Wednesday, May 28th, 2008 at 11:50 am and is filed under Laberintos, Pensamientos y reflexiones, Relatos, cuentos y mini ficciones. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.



May 29th, 2008 at 9:59 pm
amiga, hace tres blogs que no te visitaba!! he andado en la locura, pero aqui estoy de vuelta visitandote y dejando mis saludos y un abrazo.