Epístolas de mujeres fuego

El portador de esta misiva quedó atrapo en tormentas tan intensas que volaban mujeres en telas y las intenciones se confundían, así que para no perder la encomienda, prefirió guarecerse unos días. Por fin, regresó a La orilla de la realidad, para ser remplazado por ahora este ágil jinete quien ha de entregar la misiva en vuestra mano…

Querida Señora C , y por intermediación suya, queridas Damas de la Corte Real:

Somos hadas fuego pasión en distintas versiones, incapaces de creer en el desamor como destino, sería como renegar el color de los ojos, del signo que ha bordado carne y vocación.

Somos mujeres fuego, es la latencia oculta en la naturaleza solar que compartimos; esto es lo que aviva las brazas de la escritura y la creación. Ese calor nos obliga a salir y continuar  –a pesar de la tristeza momentánea, el cansancio vulgar, la alegría desaforada, o el velo místico de un instante eterno de luz– nos impulsa a ganarnos el sustento, dar clases, escribir un renglón, guiar hijos, pasear perros.

Es el fuego lo que forja las alas: draconianas, amplias fuertes y listas para el vuelo, las suyas; sutiles, invisibles, aún entre bruma detenida en gasas, las mías.

Fuego naturaleza élfica: hada nocturna apasionada, hada ligera, encantadora de palabras al amanecer entre un abrazo un día cualesquiera.

Pareciera ser el fuego el que hace bruma a los hombres pero no. Quizá si ahuyente a los cobardes, aquellos inseguros de la templanza de su acero. Quizá transforme en vapor a los hombres agua o rompa con la intensidad de  la flama siempre encendida a aquellos hombre tierra, convertidos en barro casero. Pero –guardo la esperanza– de que existen vagabundos intensos,  hombres fénix, hombres fuego, que disfrazados de poetas, maestros, abogados, bailarines, doctores, periodistas, amos de las relaciones públicas o caminantes de rumbos terrenos, tienen alma en llamas.

No son príncipes ellos.

Dejemos, pues, de buscar príncipes desteñidos, de besar sapos para romper hechizos,  abandonar el calzado a cada paso; basta ya de soltar por las noches la trenza al viento para que el esquivo caballero llegue a la alcoba a robar un beso.

Guardemos en la caja mística resistente al fuego, este instante luminoso en el que sabemos vendrán hombres fuego. Conservemos la energía con la que buscamos, amamos apasionadamente, escribimos, lloramos. Queridas, transformemos.

This entry was posted on Monday, June 8th, 2009 at 3:20 pm and is filed under Epístolas, Pensamientos y reflexiones, Relatos, cuentos y mini ficciones. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

4 Responses to “Epístolas de mujeres fuego”

  1. June 9th, 2009 at 10:57 am

    Carla says:

    Cada vez más depurado el estilo, amiga, felicidades por el trabjo realizado sobre ti misma (en esto y en todo). Te beso.

  2. June 10th, 2009 at 11:07 am

    Vers says:

    Què bonita carta, Lady I, por mucho, la màs linda y mesurada que he leido en estos dìas.

    Saludos.

    Vers

  3. June 11th, 2009 at 10:06 am

    Ileana says:

    Amiga, aprendo de una Maestra.

  4. June 11th, 2009 at 10:07 am

    Ileana says:

    Vera, de cuando en cuando encuentro mesura en la intensidad de mis días, jeje. Claro, eres de las damas de la corte, mujer de fuego. Un abrazo

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