Escuela de caminadores I

Como les he contado, estoy en un taller de escritura creativa y a este demo algunos de los relatos que he publicado. Así que hoy comparto con ustedes un texto de mi amiga-maestra: Carla.

Escuela de caminadores
Primera parte

Carla Quintanar

Cualesquiera que haya andado a pie por las calles de una ciudad se habrá dado cuenta que la tarea es difícil, caminar es hoy una actividad semejante a un acto de fe titánico o a una odisea primitiva a través del asfalto, porque el caminador se encuentra con tropiezos múltiples, obstáculos que deben superar, e incluso con caminadores amateurs carentes de escrúpulos. Todo parece indicar que el caminador es ignorado y aun despreciado por una cultura que alaba al automóvil y al grupo.

Una mañana, usted se levanta con ganas de caminar. Luego de acicalarse, sale de casa, feliz e ingenuo, y emprende la marcha. Ah, qué bien se siente al andar: la cabeza erguida, la mano en el bolsillo, el brazo libre meciéndose con donaire. Pero el gusto le dura poco. A los tres metros, la acera se inclina de manera peligrosa: una rampa (¿trampa?), pronunciada y resbaladiza, de las que se encuentran, de manera impune, frente a las cocheras. Ante este primer obstáculo puede ocurrir:

a) Que su orgullo temerario lo obligue a escalar la rampa, con la posibilidad de resbalar y por lo menos torcerse un tobillo, o de plano caer y romperse un brazo (con el ridículo inherente).

b) Bajarse de la acera, arriesgándose a ser insultado o aun atropellado (o ambas) por el conductor de un automóvil.

c) Dar media vuelta y regresar a casa.

Si usted es mujer, el tacón alto constituye un peligro adicional al momento de aventurarse por la rampa, si no me cree, inténtelo, ande, que Dios la bendiga; si tiene la suerte dudosa de contar con un empleo, el hombre de labor, seguro usa zapatito de vestir, que por lo regular cuenta con suela llana, atraviese la rampa y verá como su paso recula igual que borrico en sendero pedregoso; si utiliza silla de ruedas: olvídelo.

Si le parece que una rampa no es nada, no se preocupe: encontrará un sinnúmero de ellas a lo largo de su caminata, y de las formas e inclinaciones más variadas, de acuerdo con las necesidades y presupuestos de los dueños de las cocheras, que también han de ser los felices poseedores del pedacito de acera frente a las mismas, porque no me atrevería a pensar que a ellos y a las autoridades les vale gorro el peatón, no, de ninguna manera; a lo mejor se trata de un programa para atraer al turismo que gusta de los deportes extremos.

Pero supongamos que usted se ha hecho de unos buenos zapatos de alpinista y que nunca sale sin ellos; así que supera la rampa con éxito y sigue adelante. A unos cuantos pasos se topa con otra prueba: un vehículo estacionado sobre la acera; claro que algunos automovilistas, qué amabilidad extrema, dejan un trecho mínimo para que el peatón pase, de ladito y rozando las nalgas con la defensa, claro, pero al fin y al cabo: a quien fregados se le ocurre utilizar la acera para caminar; pero lo más no dejan ni tantito espacio, así que:

a) Como trae sus zapatos de alpinista, sube por el cofre del auto, el dueño sale en ese instante y vocifera recordándole su sacrosanto origen.

b) Baja usted de la acera y un conductor que circula por la calle hace lo propio.

c) Usted se espera hasta que el dueño del auto tenga a bien retirarlo del paso.

No quiero decepcionarlo, pero apenas ha avanzado cinco metros y continúa sobre la acera.

This entry was posted on Saturday, October 29th, 2005 at 1:44 pm and is filed under Autores invitados, Pensamientos y reflexiones. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

2 Responses to “Escuela de caminadores I”

  1. October 30th, 2005 at 2:53 am

    angel says:

    Gracias con retraso, pero gracias por tu visita a mi blog, ya tuyo, en el que acabo de colocar los 11 poemas correspondientes a noviembre.

    Espero te gusten…
    Saludos

  2. October 30th, 2005 at 6:50 pm

    ileana says:

    Gracias Angel, mañana estoy por ahí.

    Saludos,

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