Archive for the ‘Arte e imágenes’ Category

Wordle ocho meses después

Este rincón me llama. De momento no hay letras, acompañar a los niños evoca imágenes diferentes. Sin embargo no deseo que  pase otro día, así que entre tanto dejo esta constancia de lo que en este tiempo dice el blog a diferencia de tiempo atrás.

Wordle: 8 moths later

Sábana de anhelos

Sentir la pluma de tus dedos en trazo por mi cabello;
escuchar tu lengua de colibrí cantar el mundo, susurrar
una casa abandonada; que tus oídos presten
caracola al miedo convocado bajo mi sábana. Deseo
tu cabeza recostada en mis pies, para soñarme pesada,
como una idea constante. Deseo tu piel para cubrir
sus centímetros con las marcas que indican tu nombre.
Deseo morder el pulgar de tu pie, y ahora subir
la mirada, observar tu cara y volverme naturaleza
vegetal: trepar mi lengua por tu pierna y enraizar en
las alturas de tu centro.

sabana-de-anhelos-al-viento

Luces

Luz fragmentada en esquirlas de cristal, agotada en la intensidad de iluminar a otros. Mujer libélula apagada tras estrellarse contra las gotas de la realidad.

Una vez brillante, hoy es piedra seca, carbón con sólo un resquicio de fuego interno, a la espera de viento suave que le ayude a encender la flama. Aliento interno surgido de la fuerza innata, esa que será necesario descubrir más allá de Shanadú, de la Atlántida, quizá en el último de los niveles del Xibalbá. Una vez más, la mujer fuego ha de renacer de sus cenizas y recoger sus muertos, volver a centellear.

Imagen: La llamada, Remedios Varo.

Arqueología de mis descubrimientos mutantes

Isis la diosa madre, controladora del destino y parte de la trinidad egipcia fue uno de los motivos que me invitaron a un paseo por la  Ciudad de México. El otro fue la tentadora presencia de Remedios Varo y sus cinco llaves en el Museo de Arte Moderno. Así, revisé la cuenta de banco y emprendí el viaje hará cosa de un mes. En compañía de Carla,mi amiga-maestra-cómplice-inmortal en sus ratos libres, tomé una mañana sabatina el autobús que nos depositó en el metro Observatorio, para de ahí aventurarnos en el metro hacia Chapultepec.

El bosque nos recibió con los participantes de la marcha ciclista desnuda listos para emprender su carrera de libertad. Así que con un ojo al gato y otro al camino (para no tropezar, claro) atravesamos la puerta de los leones; a lo lejos, el Castillo saludaba a la ciudad y a los paseantes tempraneros.

mujer-libelula_sm.JPGEl camino nos llevó a Reforma y a la exposición al aire libre del trabajo escultórico de Leonora Carrington (casi al lado de su amiga Remedios), para depositarnos ante el Tlaloc monumental que nos conduciría a las tierras ignotas de Isis y la serpiente emplumada. Admirar el minucioso arte egipcio, con los colores y detalles que ponen en las representaciones de personas, para después sentir lo denso y ligero de las serpientes emplumadas enroscadas hacia el centro de sí mismas, me dejó con un sentimiento de humildad y de admiración hacia quienes hace cientos o miles de años tallaron la roca y pasaron horas y horas para afinar la pluma, el rasgo del ojo, el dejo de tristeza o de soberbia que contempla a las miles de almas que los ven con cierta actitud reverencial.

Dos horas después, regresamos hacia el bosque para adentrarnos en el Museo de Arte Moderno y a los misterios que envuelven la obra de Remedios Varo. Aquí me detengo.

Después de tres respiraciones, continuo. La obra de esta pintora me emociona y conmueve, logra que alcance estados que en los trabajos místicos se llama Presencia, y siento un hilo invisible que me ata con ella, pues desde pequeña -según me cuenta mi madre- su obra me ha atraído. Así que de obra en obra, de breves momentos intensos a otros, caminé como ensoñada por la exposición, para descubrir detalles en obras que ya había visto, emocionarme hasta las lágrimas ante símbolos como un eneagrama recién descubierto y sorprenderme ante la obviedad de conceptos que ahora conozco y que la mirada observadora de Teresa de Arc (la curadora de la exposición) me devela. Todo iba dentro de lo esperado, hasta que Carla me llamó ante la Mujer libélula que acompaña estas letras, pues según mi amiga, me halló; no hada, no mujer, no escritora o madre, sólo ser mutante con alas cuasi-invisibles, lista para volar.

La mirada

Noche. La oscuridad se rompe por los relámpagos que poco a poco se acercan. Las nubes grisaseas reptan por el cielo desde el oriente. Los árboles mueven los abanicos enramados y caravanean ante la tormenta venidera.

La luz se va. Sólo el viento y el ruido de las gotas contra el cristal. Sólo la sombra de árboles y mi respiración agitada. Sólo mi cuerpo encogido y el recuerdo.

Recuerdo.

Fue una noche de tormenta como esta: oscura, ventosa y con árboles agitados. Acampábamos cerca de los volcanes, donde todavía existe bosque de alta montaña y el frío cubre la tierra casi tanto como el musgo, el liquen y la hojarasca. Aseguramos la tienda y nos separamos para buscar un poco de leña seca, no más de cincuenta pasos del campamento. Los truenos arreciaban y los relámpagos parecían salir del suelo.

F y yo encontramos un sitio extrañamente seco, como si la lluvia respetara el claro bajo un árbol milenario. No era normal, no había huellas en la tierra, el musgo se fundía en una alfombra pareja, ni un solo pasto perturbaba la superficie, es más, no había hojas ni ramitas de pino sobre ella. Al fondo, junto al árbol, vimos una roca parecida a una estela o a esos menhires que aparecen en las fotos del NatGeo.

ojo_chultuhu.JPGLas miradas se encontraron y tomados de la mano, F y yo caminamos hacia la roca. Con cuidado nos hincamos y él tomó el dorso de la camisa para limpiar la superficie de la recién descubierta lápida (porque no era sólo roca, no era estela). F comenzó a leer en celta antiguo. Abrí los ojos para mirar a F y sólo encontré su mirada perdida en la lectura y una silueta desdibujada. Aunque me quedaba claro que F entendía gracias a su afición a los lenguajes antiguos, no lograba comprender qué hacía una lápida celta en esta parte del mundo y cómo es que alguien podía leer tan a pesar de la lluvia constante y tan sólo iluminado con los rayos.

La voz de F se tranfiguraba; ahora un eco cavernoso salía de su garganta y la tormenta parecía cercarnos. Asustada, intenté moverme. Las piernas no respondían, sólo atiné a mover los ojos y después la cabeza en busca de lo que sucedía. El bosque era otro. Era más antiguo, lleno de ruidos ajenos al mundo moderno, con olores pútridos y añejos. Intenté rezar, pero las palabras no acudieron a mi cerebro.

mirada.jpgF mascullaba cuando el cielo retumbó más aún. Los rayos entrechocaban e incendiaban la atmósfera. Ya no parecía una tormenta. La forma era reconocible ahora: circular y con pupila. Desde más allá del tiempo, el dios ancestral a quien F había convocado estaba con nosotros y lo miraba.

Un trueno logra sacarme del sopor del recuerdo. Sobreviví no se cómo tras meses en el manicomio.A F, a mi amado F no volví a verlo. Supongo deambulará perdido en las brumas del tiempo como sacerdote de un dios del que sólo pude soportar su mirada.

Foto: Alberto Tarragó.

Micromundos

Por la noche el universo exuda sangre, convierte el cielo en atmósferas rojo ocre. En ese transuniverso giran pequeños planetas, planetoides, cuasiplanetas en espiral eterno e infinito interrumpido sólo por la aparición del alba.

En uno de esos mundos habita una niña, un pequeño espíritu que sueña pequeños planetas girando en espirales rojos. Sueña también con una hermana; con ella compartiría juegos y desamores, los dulces y las amarguras de sangre en los labios.

La niña sueña y construye camas gemelas en su planeta. Una de las camas la usa para dormir, en la otra juega con las cobijas. Arma un refugio, una casa en la que habita una pequeña familia con dos hijas. La niña sueña y mientras lo hace habla. Su voz infantil construye mundos de signos y camas, sueños y casas.

El universo contiene pequeños mundos compuestos de palabras y símbolos, en los que cada letra construye hogares y espacios que continúen con el sueño. En ese universo existe una pequeña niña que en su cama sueña planetas, camas, infantes dormidos que crean cielos rojos de granada y colorín.

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Foto: Alberto Tarragó. Detalle de Murmullos del tiempo, Instalación escultórica de Pilar Bañuelos en el Museo Regional, Querétaro.

Santiago Carbonell – Gracias paganas

carbonell_celaya_chica.JPG

Están cordialmente invitados a la exposición Gracias Paganas en la Casa de la Cultura de Celaya, en donde Santiago Carbonell presenta su obra reciente.

La cita es este jueves 8 de mayo a las 20:00 horas (y podrá verse hasta el 20 de junio).

Pd. Gracias Roberto!

Hadas complicadas

Me encantan las hadas y por eso admiro el trabajo de Amy Brown. Por eso comparto esta hada-ropecabezas directo de Facebook.

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Feliz fin de semana!

Nacer de nuevo

nacerdenuevo.jpgEl laberinto es uno y varios. Cada puerta que se atraviesa es una meta y el abismo hacia otras vidas, otros retos, más miedos. Un día, una de las habitantes de los laberintos interiores, harta de la batalla por crecer, decidió asentarse en un sitio seguro y construyó una pequeña casa en la cual estar a salvo de los habitantes del lugar.

El tiempo pasó y la casa cerró sus ventanas para protegerla del frío, bloqueó su puerta para impedir que cualquier extraño molestara a su ama; la casa se transformó en crisálida.

Sólo que las cosas cambian, y una noche de luna sonriente, la mujer despertó tras de el letargo para desgarrar el capullo que cubría su piel.

Con dolor y miedo, la oruga se desprende de su capullo; con ese mismo susto, con un dolor semejante, la mujer emerge de las cuatro paredes invisibles que la ataban a sí misma.  Cambia de piel y se atreve a luchar de nuevo en el laberinto. Vive día a día, se sueña libre o una presa más, quizá, en los breves lapsos de relajación escribe, o sólo avanza un paso, sólo uno, para –si la suerte y los hados quieren– encuentre la salida y pueda despertar.

Laberinto XI

el_flautista.gif Rota. Las piezas que me formaban se encuentran separadas por una furia irreconocible, malévola, destructiva. No puedo conmigo. Los trozos que mis yoes llacen en el suelo de la llanura central en el Laberinto. Sólo la tristeza evita que se pierdan, que se fundan con el suelo, los olvidos, los sueños que se alejan por imposibles.

Cuando la desesperación raya en la locura, la sacerdotisa de las líneas toca su flauta mágica y con signos sonoros del infinito, con la clave de octava, recontruye mis signos y significados, los borda en una historia diferente, o igual, pero en sus manos cobra un sentido crítico, es menos inquietante, es entendible, se tranforma en un problema que paso a paso puede resolverse. Mi angustia disminuye y con la fortaleza de una torre, afianzo mis raíces en la tierra del ensueño y levanto mis almenas al cielo.

imagen: El flautista/Remedios Varo.

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