Canícula

El sol en el cenit derrite los hielos de la limonada y en la terraza unas palomas sólo atinan a mover la cabeza. El pavimento emite un libero silbido, casi imperceptible y el humo escapa de las cabezas de los intelectuales: las ideas se evaporan.

Tu cuerpo está húmedo, la piel brilla con el sudor y la camisa pegada a tu espalda incita mis ganas de quitártela despacio y resfrescar tu pecho con un hielo d e s p a c i o, m  u  y   d  e  s  p  a  c  i  o. El frío dura poco, la piel ardiente absorbe cualquier vestigio.

Mi nuca fresca emana pequeñas gotitas de sal y rosas que resbalan en un rizo oculto bajo el resto del cabello. Y es justo ahí donde espero besos suaves, como el toque de una pluma, el rozar de un gatillo que se digna a pasar junto a su amo en un día de calor.

Hoy todo arde, los árboles, las buganvillas, los autos colorados y naranjas, tus ojos y los míos, la imaginación de millones de mexicanos provocados por un fotógrafo: unos porque vivieron en la piel el aire y los disparos de cámaras y miradas, otros porque devoraron las imágenes llenos de sentimientos encontrados, ganas de haber estado y el juicio sumario a quienes se atrevieron a ser y estar frescos, cuando la etiqueta de canícula dice que es importante “morir de calor”.

3 Responses to “Canícula”

  1. Hey!! nomás vengo a avisar que ya tengo una edición del metro de lunes para ustedes ;)

    Espero verlos pronto.

    Muchos abrazos!

  2. Gracias Caro!!

    Muchos abrazos :-)

  3. Hay no macayu, puros mensajes mamones…. iu!!!!

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