Canícula
El sol en el cenit derrite los hielos de la limonada y en la terraza unas palomas sólo atinan a mover la cabeza. El pavimento emite un libero silbido, casi imperceptible y el humo escapa de las cabezas de los intelectuales: las ideas se evaporan.
Tu cuerpo está húmedo, la piel brilla con el sudor y la camisa pegada a tu espalda incita mis ganas de quitártela despacio y resfrescar tu pecho con un hielo d e s p a c i o, m u y d e s p a c i o. El frío dura poco, la piel ardiente absorbe cualquier vestigio.
Mi nuca fresca emana pequeñas gotitas de sal y rosas que resbalan en un rizo oculto bajo el resto del cabello. Y es justo ahí donde espero besos suaves, como el toque de una pluma, el rozar de un gatillo que se digna a pasar junto a su amo en un día de calor.
Hoy todo arde, los árboles, las buganvillas, los autos colorados y naranjas, tus ojos y los míos, la imaginación de millones de mexicanos provocados por un fotógrafo: unos porque vivieron en la piel el aire y los disparos de cámaras y miradas, otros porque devoraron las imágenes llenos de sentimientos encontrados, ganas de haber estado y el juicio sumario a quienes se atrevieron a ser y estar frescos, cuando la etiqueta de canícula dice que es importante “morir de calor”.
This entry was posted on Tuesday, May 8th, 2007 at 7:49 pm and is filed under Pensamientos y reflexiones, Relatos, cuentos y mini ficciones. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.



May 9th, 2007 at 10:16 pm
Hey!! nomás vengo a avisar que ya tengo una edición del metro de lunes para ustedes
Espero verlos pronto.
Muchos abrazos!
May 10th, 2007 at 11:42 am
Gracias Caro!!
Muchos abrazos
July 21st, 2008 at 1:26 pm
Hay no macayu, puros mensajes mamones…. iu!!!!