Hoy se celebra el bicentenario del natalicio de Benito Juárez, presidente mexicano, famoso por apoyar las leyes de Reforma que contemplaban la separación de iglesia y estado y la secularización de los bienes eclesiásticos.

Este hombre, que como dice la cancioncilla infantil que aprenden en el jardín de niños “un indito zapoteca que a presidente llegó” nació en San Pablo Guelatao, Oaxaca, el 21 de marzo de 1806. A través de arduo trabajo y un poco de suerte, trabajó de pastor, de sirviente, aprendió español y logró estudiar en el Seminario hasta ser abogado.

Gobernador de su estado natal, Diputado, Ministro de justicia y Presidente por varios periodos. Su vida tuvo como marco luchas intestinas en Mexico. Primero, y sin ser parte de la lucha, la guerra de intrervención norteamericana, y ya como consecuencia de la promulgación de la constitución de 1857 (por Juárez), la guerra de Reforma; también vivió la intervención francesa, que traería como consecuencia el Segundo Imperio y a Maximiliano de Habsburgo a nuestro país.

Ahora, como breve paréntesis, vale la pena comentar que Maximiliano fue traído con engaños a México y que cuando llegó y conoció la situación del país, se descubrió que sus tendencias eran más liberales, de hecho trató de trabajar en conjunto con Juárez, pero éste último lo rechazó por considerarlo usurpador. Maximiliano pensó en regresar a Europa y su madre, la Arquiduquesa Sofía selló -de algún modo- su destino al escribirle que se sepultara con las cenizas de su imperio. Maximiliano tuvo un breve gobierno que terminó en Querétaro, ciudad conservadora, en donde fue capturado por las tropas juaristas y fusilado el 19 de junio de 1867 en el Cerro de las Campanas de la capital queretana, en donde ahora se levanta una capilla a la sombra de una inmensa estatua de Juárez.

Una vez vencidos los conservadores que apoyaban el gobierno de Maximiliano, Juárez restauró su poder y fue reelecto presidente en dos ocasiones más. Murió en su cargo el 18 de julio de 1872.

Muchos misterios y leyendas rodean su muerte, y dos de las más conocidas son la de la Carambada y la de su asesinato como masón.

La primera cuenta que una mujer queretana, de apodo La Carambada, asesinó a Juárez para vengarse de la muerte de Maximiliano, con ayuda de un zapatero que puso en un clavo en su zapato con veintiunilla, una hieba que mataba -sin rastro- veintiun días después de que la persona la consumía o en este caso, de que entraba en contacto con su sangre (a través del clavo). La segunda leyenda habla de que tanto Juárez como Maximiliano eran Gran Maestre de los masones, y al ordenar el fusilamiento de Maximiliano, se hizo acreedor a la pena de muerte, que es el castigo para un masón que mate a un gran maestre.

Cierto o no, lo que si podemos constatar es su frase célebre escrita a los pies de su inmensa estatua y que se aplica hoy tanto como en sus tiempos:

“Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”.

Si desean saber más sobre este hombre ilustre, los invito a leer una excelente biografía en el Enigmatario.