Al aire libre
Los árboles recortados al fondo. La casona se engalana con bancos a la sombra de su arcada. A la derecha, unas mesas con las sillas invertidas sobre ellas. Pasos sobre la acera. El sonido de la escoba sobre el adoquín mojado.
Más pasos que se acercan.
Los pájaros alborotan sobre los árboles y alzan vuelo sobre la casona. Las sillas ahora están en su sitio: en el suelo, cuatro junto a cada mesa. Los pasos se detienen. Los acompaña el risras de un pantalón azul. Un mandil que se coloca sobre un cuerpo joven.
La penumbra abandona la arcada de la casona. Se llena de luz, despacio, a cuenta gotas, rayo a rayo. La escoba para. Quien la esgrime, habla. Voz de mujer que saluda al joven del mandil, Quien camina de ahora en adelante. Sonrien. Sus miradas se encuentran, se funden un instante. Desvían su atención al deber, a las mesas. Los pasos se encaminan a las mesas.
Ella, la dueña de la escoba, barre ahora junto a la acera.
La casona a la izquierda. Los árboles ya sin pájaros. Mesas enmanteladas, listas. Tazas, olor a café y sonidos de alguien distinto. Quien camina atiende.
This entry was posted on Wednesday, September 27th, 2006 at 5:57 pm and is filed under Pensamientos y reflexiones, Relatos, cuentos y mini ficciones. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.



September 28th, 2006 at 2:52 pm
Bello, bello, bello.