Archive for August, 2009

Fines y principios

El martes un reconocido autor publicó Finito como uno más de los Sueños húmedos de un escritor.  En la columna habla sobre la vaguedad del comienzo “incierto, oscuro y lleno de sorpresas” en contraste con  la nostalgia de un cierre, de la conclusión de un ciclo. Sus reflexiones y esperanzas sobre este nuevo camino que de inmediato sucede al que se deja atrás, atrajo dos pensamientos.

Por una parte, la seguridad de que le irá bien, quizá con algunas angosturas económicas, pero pasarán.

Por otra, pensé en mis cierres de ciclo. A veces les temo, los pospongo hasta que son inevitables, y en otras disfruto la sensación de arribar a la meta, el ansia de mis pies en vuelo al seguir la música interior y sentir que se mueven, llevando al resto del cuerpo al compás del triunfo. Los futuros vendrán después, en su momento habrá que comenzar un nuevo ciclo, y por lo pronto, querido amigo, disfruta el cierre, que los principios comienzan solos, oscuros y llenos de promesas.

Espístola desde un lugar al otro lado del espejo

Esta carta no tiene destinatario, puesto que –al parecer– habito ahora en ninguna parte, en ese reino misterioso que existe al otro lado de la realidad.

Todo comenzó una tarde estival en la que charlaba con algunas damas de la corte sobre amores, desamores, demonios y otros tormentos que todos habremos de enfrentar. En algún momento pedí prestado el espejo de la Señora C. En lugar de mi acostumbrada faz, vi la imagen de una gorgona, con todo y los cabellos serpentinos tan habituales en dichos seres.

Antes de convertirme en piedra, cerré los ojos y sin un adios dejé mi alma huir hacia el espejo.

El mundo acá, es distinto. Una prisión translúcida separa mi alma de todo aquel quien ose acercarse; el deseo de adueñarse de todo habita mi cuerpo, invade cada mueble, el tapiz de flores, los jardines de Palacio y espanta a los valientes que observan de reojo al espejo. No he de regresar a la corte mientras el monstruo no esté domado.

La rabia arde, me obliga a vomitar el miedo y cuando estoy libre de mi, puedo darme cuenta de que la prisión es sólo mía, igual que aquella otra en la que esperaba crecer, no hay tales fantasmas persiguiéndome, son sólo los compañeros de siempre, esos a quienes hay que aceptar para verlos en dimensión. No han de vencerme, ya no.

Así, gracias a las palabras epistolares de un Barón y un Consejero de Reyes y Eminencias, me atrevo a soñar con el retorno. Después de todo, el otro lado del espejo es igual.

A nueve años

Estaba en el hospital esperando tu nacimiento, con una bolsa de suero y otra sustancia que se llama oxitocina colgada a mi brazo, mientras recorría los pasillos del área de maternidad rogando que nacieras, que todo saliera bien. No fue fácil hijito, te tomaste tu tiempo. Y cuando pensé que todo estaba perdido, que ibas a nacer por cesárea (y eso implica una operación), con ayuda de mi ángel terreno –Ruth– y Dios las cosas tomaron cause y naciste como soñé que sería, es decir, por parto psicoprofiláctico y escuchando una canción.

Hoy pasas tu cumpleaños en Cancún, y espero que tu festejo haya sido enorme. Claro, acá también festejaremos tu cumpleaños con algo más sencillo, pero igual con mucho amor.

Cumples nueve años y pasas a tercero. Es un gran reto, porque este nuevo ciclo escolar  será diferente, interesante y exigirá de ti esfuerzo y concentración. Eso no me preocupa, te se capaz y no estás solo, estay contigo, con todo mi amor, apoyo, porras, tareas y si es necesario, llamadas de atención, consecuencias y esas cosas que a ninguna mamá nos gusta, pero que se necesitan de cuando en cuando.

De tí, este noveno aniversario de tu nacimiento, quiero decirte algunas cosas: Me gusta tu sonrisa franca, abierta y los hoyitos en tus mejillas, me encanta tu entusiasmo por lo que disfrutas, como el yoga, o fabricar monitos de plastilina, jugar con tus nuevos amigos de la cuadra, admiro el cuidado que siempre nos prodigas, a Erick incluído, al compartir o llevar dulces, comida, galletas, lechitas.

Alan, recibe mis abrazos y besos y nunca olvides que te quiero mucho y acá estoy para tí, para ser madre, consejera, escucha, ayuda, paño de lágrimas, enfermera y todo aquello que he sido siempre desde el momento en que te supe conmigo.

Sequía

De letras. La página vacía suspira en la espera de algo de lo cual abrevar y cada día amarillea un poco más. Las palabras no manan de mis dedos, el golpeteo de las teclas sólo llenan breves cuestionarios en Facebook y mientras tanto los cuentos se hilvanan en mi sueño, los artículos quedan a la espera del canto de un fénix y mi lengua sigue atada entre los pies en movimiento de un argonauta. Deseo desanudar mi alma y de nuevo vaciarme en signos, cumplir el designio de un poeta “sigue escribiendo, niña, no dejes de escribir”.

Regreso a la realidad

Después de cuatro semanas de vivir un sueño de danza, de la vida que no elegí, regreso a la oficina. El aire enrarecido me recibe al abrir la puerta, la planta no está –espera sobre el refrigerador a que la traiga a su lugar, en la repisa sobre la computadora–, no hay polvo, limpiaron. Suspiro.

Tengo mucho trabajo y mi mente no se resigna a la rutina inevitable del teclear, mis pies desean batallar contra la duela, la pelvis pide girar hasta que mi espalda se mueva a espiral, más espiral y mis brazos se despliguen a segunda perfecta, se abran cual alas, todo mi cuerpo me exige bailar y la computadora me reclama el abandono, le faltan quinientas noventa actualizaciones, el correo grita con más de dos mil correos basura y yo sólo atino a suspirar en lo que pienso, apenas es el lunes del retorno, seguro el martes podré hacer más. Leo los pendientes, la materia, trato de escribir algo coherente y para cuando por fin tengo la idea, la máquina se reinicia casi sin pedir permiso.

La hora de la salida llega, avancé un poco, la computadora está en orden y me esperan tres clases de yoga al hilo. Los niños están en la playa con su padre. La noche llega tras las asanas –nombre misterioso de las posturas yoguines– y el sueño me sorprende a media frase del libro del momento.

Por fin, martes. El día avanza con más celeridad que el anterior. Avanzo más, la inspiración académica me abandona y dedico unos minutos para decir algo, para compartir una canción de Ismael Serrano. No recuerdo el nombre, sólo una parte de él, así que despliego la lista del autor y me sorprende un dueto de una canción que me gusta desde el instante en que el disco Felix-Filio llegó a mi mano. Así, comparto con ustedes Claro qué, de David Filio lado a lado con Ismael.

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