Archive for August, 2008
Noticias de Oz
Desde el castillo de ninguna parte, os escribo amiga a la distancia para deciros que Oz se ha contagiado de la humedad del puerto. El río por fin es digno de dicho nombre. El caudal corre ocre, terroso y con olor a moho a punto de rebosar la barda que le contiene. Unos cuantos árboles juegan al equilibrio en la orilla , mientras otros mojan sus pies en el agua, casi hasta las rodillas, mientras sus ramas pasan los dedos uno a uno por el torrente.
Puedo informaros que la carroza por fin quedó lista; de nuevo podré recorrer el reino y visitar la corte con tranquilidad, y justo a tiempo, puesto que para el jueves está programada una mascarada del Pintor Real.
Os comparto que he soñado de nuevo con el Marqués, y que un emisario me ha traído nuevas del Cardenal. Monseñor ha tenido a bien dirigir su pluma a mi alma en pena para dictarme la penitencia correspondiente: he de soñar despierta, querida Señora, para encontrar a aquel a quien busco. He de romper los miedos, querida Señora, para que mis palabras embotelladas encuentren orilla. He de rezar de pie e hincada, para tener la fuerza y continuar tejiendo historias y elaborando pociones. He de reescribir las historias desdibujadas por la imperfección de la edad. Monseñor ha hablado.
Os escribo, querida Señora, porque los días transcurren y el verano se acorta. Las jacarandas no sonríen con dentadura morada y el viento sopla frío para helarme los pies, para susurrar que no está, que es imaginación tan sólo la que mueve el cabello de las doncellas y el velo de mi sombrero. Es momento de vivir la humedad, de pasear por la vera del río y arrojar una margarita en recuerdo de lo que es.
Invitación
Están cordialmente invitados a la inauguración de la exposición pictórica Úteros de mi amigo Edgar Vázquez “El Milagro”, este jueves 28 de agosto a las 19:30 en la Casa Municipal de la Cultura de San Juan del Río (Av. Juárez 59 ote, Centro).
Receta para quedarse dormido en el cine
También del baúl de los recuerdos literarios y para festejar el fin de semana, los dejo con estas instrucciones inútiles…
Receta para quedarse dormido en el cine
Ingredientes:
1 o más dosis de desvelada un día previo: copa, antro, cartas con los amigos.
1 película cuya temática se contraria a sus gustos.
1 butaca apartada en una sala de cine a oscuras.
Aderezos al gusto
Preparación:
Coloque en un recipiente pequeño una dosis de desvelada; si tuviera acumuladas dos o tres, el resultado será más satisfactorio. Agítelas un poco para mezclar el cansancio y deje reposar.
En otro recipiente coloque una película alejada de sus quereres: a mí me funcionan los filmes lentos o alguno de acción que ya he visto, en cambio a un conocido lo arrullan las películas románticas. Añada una butaca solitaria en un lugar apartado de la sala de cine; puede ser alguna en las últimas filas, o si no quisiese correr el riesgo de ser reconocido, los primeros asientos pueden funcionar. Aguarde al inicio de la película y mezcle los ingredientes con un poco de oscuridad. Advertencia: Si quiere que la receta funcione, evite a cualquier costo comprarse palomitas, nachos, refresco, helado o cualquier “chuculuco” que pueda brindarle energía.
Una vez que tenga una mezcla homogénea de película aburrida, oscuridad y asiento elegido, añada las dosis de cansancio y mezcle suave a través de bostezos, respiraciones lentas. Acomódese en la butaca, recargue la cabeza en el respaldo, detenga el cuerpo colocando ambos brazos en los lugares diseñados para tal fin (descansa-brazos), relájese y cierre los ojos. Sirva el sueño en un platón mediano y aderece al gusto con una pizca de uno o más de los siguientes ingredientes: babeo discreto, ronquidos suaves o cabeceos imperceptibles.
Tiempo de preparación una vez que cuenta con todos los ingredientes: Ciento diez minutos en promedio. Sólo vigile los movimientos intempestivos y la luz que indica la hora de partir.
More than this
Hoy amanecí de ánimo musical y para festejar que por fin en los medios celebran el triunfo de un excelente coreógrafo mexicano (los únicos que lo habían reportado a tiempo son los chavos de Vivir México) y la medalla de oro, los dejo con esta joyita que encontré en un CD que un buen amigo me prestó hace algunas semanas (bueno, me lo prestó justamente por ella).
More than this
Roxy Music
I could feel at the time
There was no way of knowing
Fallen leaves in the night
Who can say where they´re blowing
As free as the wind
And hopefully learning
Why the sea on the tide
Has no way of turning
More than this – there is nothing
More than this – tell me one thing
More than this – there is nothing
It was fun for a while
There was no way of knowing
Like dream in the night
Who can say where we´re going
No care in the world
Maybe i´m learning
Why the sea on the tide
Has no way of turning
More than this – there is nothing
More than this – tell me one thing
More than this – there is nothing
De nuevo una vez más…
Regresan los niños al colegio. Las calles se atiborran de vehículos y las mañanas de caras con prisa, sueño y una poca de nostalgia por la almohada abandonada.
Hoy, pese a las alegrías y reencuentros del fin de semana, me siento agotada, más allá de lo físico (que es bastante) tengo un dejo de cansancio, de “fuchilez” que sólo logro interpretar a partir de un amanecer con lluvia, horas de sueño en deuda y el desasosigeo de estar irremediablemente atada a la rutina, salvo estos escapes, y aquellos que permite mi mente alocada cuando los demonios no la atacan.
Porque claro, cuando el agotamiento se hace presente, es cuando los miedos, inseguridades y pensamientos inoportunos aparecen e importunan. Y hoy tengo un demonio verde vómito colgado del homóplato derecho, que ni café, gatellas o sonrisas logran espantar. Sólo espero que la fuerza de las asanas logre desembarazarme de él.
Sin más, así con noticias tornasol, les deseo un feliz inicio de semana (lléndome así, seguritito les va mucho mejor).
Cuento o canción…
Erase una vez un niño llamado Alan. Vivía con el campo y cada noche antes de dormir veía las estrellas. El niño soñaba con tocar los anillos de saturno y correr con su hermano Erick entre los muchos satélites de Júpiter. Por eso cada noche pedía conocer una estrella.
La madre de Alan velaba el sueño de su pequeño y cuando lo escuchaba hablar en sueños sobre planetas y estrellas elevaba una oracion –por favor, que un día pueda ver de cerca las estrellas– y después de un beso, se iba a dormir.
Los días pasaban y el niño crecía, siempre soñando con mundos siderales. Jugaba con su hermano con naves de plastilina y contaba las estrellas noche a noche para ver si había una nueva para él. Como su siempre su madre, soñaba y rezaba porque el sueño de su pequeño se viera cumplido.
Pero sucedió una vez, que después de media noche, la madre cansada estaba en una silla, trabajando un poco cuando escuchó un sonido de cascabeles. Con cuidado se quitó los zapatos y con sigilo salió a investigar. Cuál sería su sorpresa al ver una mujer vestida con telas de oro y plata, con tal brillo que calentaba estar cerca de ella. La mujer paseaba en el jardín, así que la madre con cuidado se acercó a ella para ofrecerle hospedaje o comida, porque no es normal que una mujer pasee a media noche nada más así.
La mujer agradeció la atención de la madre de Alan, le pidió una flor de un bello árbol con hojas que dormían al anochecer y un vaso con agua.
–A cambio –dijo– te regalo este frasco, pero sólo has de abrirlo el día del cumpleaños de un niño que guste de la luz.
La madre asintió, se despidió de la bella visitante y guardó el frasco. El día del cumpleaños de Alan, con un poco de miedo, lo abrió. Una luz cegadora inundó la casa, algo así como un flash enorme y después con un tronido como de bolsa al romperse, desapareció. La madre se asustó, pero pensó –qué bueno que no le dije nada a Alan, o se hubiera decepcionado–. Pero esa noche notó algo diferente. El cielo desprendía luz, casi confetis. La mamá llamó a sus hijos y ellos encantados vieron al cielo derramar estrellas en su jardín. Así fue, como año con año, el día doce de agosto Alan tuvo sus estrellas.
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Querido hijo, a tí también te tocó un cuento.
Feliz cumpleaños Alan!!! Y recuerda, te amo mucho.
Instrucciones para llorar en el cine sin culpas
Rescaté estas instrucciones inútiles del cajón de publicaciones para la revista de Editorial Dónde.
Les dejo un respiro light y buena semana!!
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En este mundo ocupado y plástico, pese a toda clase de broncas emocionales: decepción amorosa, pelea con el jefe, miedo de afrontar el cuidado de los hijos, no hay tiempo —o permiso, en muchos casos— de llorar. El cine con su cobijo de oscuridad anónima puede convertirse en el sitio idóneo para desahogar unas cuantas lágrimas sin asomo de culpa.
Por tanto, primero asegúrese de comprar boleto para una película tipo culebrón del canal 2, o si eso no lo conmoviere, entonces busque en la cartelera alguna tragedia o drama, y si eso no diere resultado, elija un churro y llore por el desperdicio de su dinero viendo dos horas de alguna mafufada insufrible. En segundo término, tenga a la mano un paquetito de pañuelos desechables; olvide las servilletas, eso es de nacos o de improvisados; usted es un profesional. En tercero, recuerde momentos infelices en su vida: el primer truene, los juguetes que los reyes magos nunca le dejaron, cuando lo corrieron del trabajo. Contenga esa energía depresiva a base de pequeños suspiros discretos; recuerde que no quiere que lo vean llorar: usted está muy ocupado (o es muy digno) para “esas cosas”.
Ya instalado en la butaca, deje que la película de inicio, respire y rememore la tristeza que ha cultivado, tenga a la mano el pañuelito y entonces si, dé inicio al sollozo contenido. Concéntrese para que fluyan las lágrimas y cada cierto tiempo séquelas en medio de las escenas con poca luz. Procure mantener un bajo perfil, no gima, ni sea escandaloso, sólo deje escurrir la emoción a medida que el filme se adentra en lo trágico y cuando el desenlace se acerque (si no está seguro, consulte su reloj de pulsera, las películas suelen duran 110 minutos) seque por completo su rostro, detenga la autoconmiseración, respire hondo tres veces, suénese y una vez sereno, ponga cara de circunstancia. Salga con la frente en alto, que nadie sabrá que usted sucumbió ante la tentación.
Epístola a la orilla de la realidad II
Querida Señora C:
Los ecos de su ausencia nunca están lejanos; me llegan a través de letras y éter. De tan fuerte y claro, a ratos, parece que nunca partió. Ha sido un honor ser paloma mensajera, aunque nunca me imaginé heraldo; esas son labores para los veloces hijos de Mercurio y mi sino es diferente, lo mío es ser matrona al cuidado de dos polluelos, no hay alas en mis pies, quizá sólo estén en algún deseo de hada.
Hoy querida señora, me ataca la melancolía; quizá sea la bruma del eclipse que arruinó las cosechas a su paso, pero ni el té ni las sales pueden ayudarme.
Para distraernos un poco, hablaré sobre la doma de caballos: En la infancia, mientras recorríamos los bosques de bruma, el caballerango mayor nos contaba que a estas bestias hay que domarlas de oído, con palabras dulces. El susurro y la rima son motivo de fascinación y calma. Así, querida amiga, no se inmute ante un semental desvocado, sólo mitigue el ansia salvaje con un terrón de azúcar y vocablos suaves.
Leo también sobre el educado duque de F y el saltimbanqui y pienso en nuestro sino. Marqueses y duques, saltimbanquis, bufones y otros artistas; todos cortesanos, todos enmascarados, ocultos o misteriosos, confundidos o en fingimiento de lo que no son ¿Artistas o simples ilusionistas?, y en medio de ellos, de los circos y las cortes nosotras, unas veces ocultas tras la máscara de diosas, otras sólo como testigos de la vanalidad.
Antes de despedirme, permítame compartirle un sueño. Sucedió una noche de lluvia no tan lejana. Soñe con el Marqués de las Tierras del Frío. Era una tarde gris y encontrábame en un bosque lleno de monstruos mitológicos con cabezas de mantarraya, picos y garras que producían música y monos de fuego, cuando apareciose el Marqués en carroza dorada y rescatome –con gentileza– de cruel destino. Su mano cálida tomó la mía y su boca la incendió a tal grado que los guantes de cabritilla cayeron como la arena del reloj que desgrana las horas de felicidad. Después fue labio con labio y pude saborear cerezas maduras. Rememoro mordidas y piel erizada en brevísimas agujas, iguales a las que decoraban el bosque al pie de los pinos, y yo deseando más… Ah querida señora, de momento el pudor me impide continuar.
Así, mientras me abanico y recuerdo voces que dicen princesa, la felicito por su fortuna; es buena nueva saber que el misterioso marino ha disminuido el ritmo de avance, pues no sólo era un peligro imaginario, su mente podría ser débil y su carne desfallecer. Ambas sabemos: son los aventureros quienes poseen facultad de quitar el sueño y encantar bellas damiselas, perdiéndolas de su destino, distrayendo su virtud y su silencio. Mejor continúe tejiendo los gobelinos que adornarán el palacio a su regreso, querida Señora, tal como le indique la Madre Superiora. Le prometo que en su ausenciaensayaré la preparación de menjurges y pociones mientras exhalo e inhalo, inspiro y expiro. Y recuerde, he dejado encendido el faro que iluminará y guiará su retorno.
Con cariño y desde el melancólico reino de Oz
Lady I.
Entre epístolas
Hago un paréntesis. Carla, mi amiga, maestra, cómplice, ha emprendido una labor titánica. Escribe epístolas de pasión mientras hace un viaje por demás interesante: ha de imprimir o rotular cincuenta sábanas, cincuenta lienzos con cuentos, poemas o escritos para un proyecto de instalación literaria, y mientras, inspirada en las cartas que escriben las protagonistas de Once upon a time in West Asphixia (obra dirigida magistralmente por Alonso Barrera; la crónica acá), escribe de amor a la distancia.
Así, haciendo mi labor de cómplice y escucha, emprendo también la escritura epistolar, disfrazada de una Lady, mientras en la realidad la emprendo con las tecnologías, porque las vacaciones terminaron y ahora si, otro cantar. Forro cuadernos y libros, tomo clases de yoga, al tiempo que deambulo en cortes ficticias, realizo caravanas y bordo sueños.
Epístola a la orilla de la realidad
Querida Señora C:
No tengo su constancia ni disciplina, sin embargo, de acuerdo con lo prometido, le escribo al borde de la realidad esperando que mis letras le alcancen en el puerto donde ahora está. Deseo que su estancia con las Hermanas del Silencio le ayude al encuentro y la creación de las nuevas palabras, aquellas que viajó para madurar.
La corte está ahora vacía. Me parece significativo que justo ahora esté sola, quizá sea el tiempo de encontrar miradas diferentes, sin espejos, sólo yo. Madame K se encuentra bien, partió en su carroza a sus antiguos dominios, tal como me platicó la tarde anterior, mientras bordábamos lo que será el gobelino que adorne su pared de ahora en adelante. No más lágrimas, sólo aquí, sólo ahora.
El día se nubla y mi ánimo parece ceder a la tentación, sólo un instante, en lo que respiro y reacomodo la sensación. Me sé luz. Curioso. Lo dijo y el sol asoma tímido a través del ramaje del orquideo, ese árbol con el que comparto sueños y pesares, y que sólo para complacerme, arroja flores sin importar la temporada, cual sonrisas violaceas o guiños de complicidad, y que aguarda quieto, el viento no sopla, regresó a su origen en la bolsa de Eolo, supongo que lejos es donde debe estar.
Ahora, sólo queda, querida Señora C, reinventar. Más allá de marqueses de la tierra del frío en donde ofrecen fastuosas fiestas, llenas de vino y mujeres, de hombres con mirada brillante y todo sonrisas heladas, tal como corresponde al clima del lugar. Más allá de Monseñores, altivos cardenales que guardan silencio epistolar; más allá de bufones, condes, sires o simples cortesanos. Hoy medito; sin irme al convento, he de vivir en silencio un poco más. Déjole pues un saludo desde esta corte vacía, a la orilla de la realidad.
Su atenta servidora y amiga,
Lady I.


