Archive for March, 2007
Por fin vacaciones!
El aire huele a sal, plástico suave y pasto recién cortado. Comienza la canícula en los estertores de marzo y sólo unos minutos me separan de dos semanas de vacaciones.
No tenemos planeado salir, salvo una visita ocasional algún sitio arqueológico para la Revista, o tal vez al DF para aprovechar sus playas (si es que lo que dijeron en el noticiero es cierto).
Así que a quienes tengan la fortuna de tener libre la semana santa (y/o pascua) les deseo unas felices y descansadas vacaciones… yo retornaré a este espacio el lunes, porque en mi otro trabajo, donde el sombrero de mamá toma la delantera, sigo.
A la pirámide del sol
Hace una semana del cambio de estación y esta melodía me ronda, así que armada de una red atrapasueños la comparto con ustedes.
A la pirámide del sol
Fernando Delgadillo
Con la estela inagotable
de aquel que siempre ha sido camino,
tu templanza quien supiera
buscarla en la lontananza vibrante de humedad
si bien ha pasado el hombre
se ha quedado el tiempo en el recuerdo
que va enredando los hechos con tu faz
no me fueras más remota
si antecedes las memorias de tu edad.
Con la fresca sobriedad de antaño
y reflexión del alma
tu pesado pesar de roca
se ha jurado nostalgia años atrás
con tanto ayer en tus tapias
ancestrales y polvosas
que de noche cuentan murmullos a la paz
cuando el campo está en silencio
tu lamento lleva el viento adonde va.
‘Di coloso viejo y triste
los secretos del silencio
cuando el viento lleva eterno
los suspiros del perpetuo
condenado a soledades
cuando busca entre tus quicios
hoy vacíos y destierros
y olvidados por condena de lo reluciente y nuevo
yo te invoco y tu pasado
a ser la flor de mi verso
por la noche y la tiniebla,
por la estrella y el sendero’.
Fue cuando el tiempo
bajara cantando
y rasgando las lunas
al sol de epopeyas
y arrojó leyendas
como si sembrara
maíz en semillas y
etapas en eras
ligando proezas
al cinto celeste
de muerte a la vida
de alivio a las pestes,
tú viste al hombre
tu viste la muerte
miraste al tiempo de cinto celeste, miraste…
Laberinto III: Puertas
En el laberinto un obstáculo detiene mi camino: el quicio de una entrada y una plancha de madera detenida con bizagras: una puerta. Todos mis yoes sueltos en búsqueda de salidas se reunen, incluso aquella que se cree fuera. Expiro, aspiro fuerte y la energía llena mi cuerpo y emoción, expiro y quedo lista para que el valor me llene. Un paso con cierto resquemor seguido por otro decidido y firme. Toco la madera tibia, con patina de siglos o minutos que se desmorona en mis dedos como el azuquillar de un polvorón. Presiono un poco y en silencio la puerta se abre, tal como recuerdo hacen aquellas que custodian las cocinas -para ambas direcciones y sin llave alguna-.
Una llanura se extiende al otro lado, un campo tan amplio que es fácil olvidar el laberinto y tejer una nueva vida. Doblo el miedo que aguarda junto a mi sombra, lo guardo en el morralito y permito que mi alas se extiendan ante la nueva oportunidad.
No soy libre, y sin embargo puedo volar.
Escritos relacionados:
Laberinto
Laberinto II.
Imagen: Personaje, Remedios Varo.
La cosa
En el taller literario “Escribir con sexo de mujer” conocí a grandes autoras; algunas de ellas se convirtieron en favoritas, en esas diosas de la escritura que admiro mucho. De una de ellas comparto este minirelato.
La cosa
Luisa Valenzuela
Él, que pasaremos a llamar el sujeto, y quie estas líneas escribe (perteneciente al sexo femenino) que como es natural llamaremos el objeto, se encontraron una noche cualquiera y así empezó la cosa. Por un lado porque la noche es ideal para comienzos y por otro porque la cosa siempre flota en el aire y basta que dos miradas se crucen para que el puente sea tendido y los abismos franqueados.
Había un mundo de gente pero ella descubrió esos ojos azules que quizá -con un poco de suerte- se detenían en ella. Ojos radiantes, ojos como alfileres que la clavaron contra la pared y la hicieron objeto -objeto de palabras abusivas, objeto del comentario crítico de los otros que notaron la velocidad con la que aceptó al desconocido-. Fue ella un objeto que no objetó para nada, hay que reconocerlo, hasta el punto que pocas horas más tarde estaba en la horizontal permitiendo que la metáfora se hiciera carne en ella. Carne dentro de su carne, lo de siempre.
la cosa empezó a funcionar con el movimiento de vaivén del sujeto que era de lo más proclive. El objeto asumió de inmediato -casi instantáneamente- la inobjetable actitud mal llamada pasiva que resulta ser de lo más activa, recibiente. Deslizamiento de sujeto y objeto en el mismo sentido, confundi-dos si se nos permite la paradoja.
De la misma autora, pueden leer La densidad de las palabras.
Viajeras
Una pausa laboral; planta alta, pasillo al aire libre. Una mariposa vuela cercana a la planta baja, planea y se posa en el tulipán que adorna el centro del patio. En una flor en el extremo opuesto de la planta liba un colibrí, en un sube y baja iridiscente, hasta que asustado por unos pasos huye a otros cielos. La mirada sube, como buscando al avecilla y se detiene en el árbol más grande de los que adornan la fachada del edificio. Allí, en la copa, decenas de Monarcas se posan y levantan vuelo una y otra vez. Aunque suene a cliché, flores voladoras que adornan el día.
La sonrisa en mi rostro es compartida por dos personas más, que ligeras, contagiadas de primavera, también viajamos hacia otro ánimo.
Imágen: Eunikami.
Feliz aniversario Tropa Cósmica
Hoy
21 de marzo se cumplen once años de que un cuarteto de internautas valientes y animados fundaron una lista de correos para aficionados a la música de
Silvio Rodríguez y temas afines…
Emilio Osorio, Ricardo Seir, Eduardo Valtierra - Viejo Escaramujo- y Héctor Velarde construyeron una comunidad que pronto creció de cien que eramos en mayo del 96 a setecientos en el 97, y a más de mil tiempo después. Los correos inundaban los buzones y los miembros de esa Tropa Cósmica -como fuimos nombrados por Silvio en persona- seguimos ahí, unos en la lista de correos, y otros jugamos de asteroides, orbitando de lejos, pero siempre pendientes de lo que sucede en Unicornio-l.
Así, desde este rincón del éter me uno a la celebración de esa comunidad que me ha permitido conocer a personas maravillosas con quienes me unen momentos y amistades más allá de tiempo o distancia y lo que inicialmente nos convocó: la música de Silvio.
Imagen: La Jiribilla.
Piratas del Caribe: El fin del mundo
Una más de las cuentas regresivas… Dos meses y sabremos el destino de Jack Sparrow y el resto de los personajes en este sueño con aires nostálgicos, o por lo menos, los piratas siempre me remiten a mundos pasados.
Gracias Netwalker.
La primavera
Verdes nuevos, frescos, con olor astringente, crocante, de uva recién cortada, así se visten algunos de los árboles en la carretera México Querétaro; otros se resisten a los cambios y continúan pasados de moda con un verde oscuro y pardo, como un color guardado por largo tiempo en el desván o bajo años dentro del smog.
Llegó el día en que noche y claridad igualan su duración, y Kukulcán-Quetzalcóatl regresa una vez más a Chichén Itzá, y los mortales derramamos mermelada en promesas de amor. Tiempo de florecimientos y esperanzas, calores y minifaldas, sólo otra época más entre tantas estaciones por las que transitamos en la vida. Hoy sólo una parada, un respiro, y los pulmones llenos de polen y azafrán.
Lastra en Miami

Para aquellos que disfruten de la buena música de cantautor y vivan en Florida (o para quienes tengan conocidos en esas latitudes), les dejo esta invitación.
Gustavo Lastra se presenta en La Macarena (South Beach Macarena-Antigua Restaurant, 1334 Washintong Ave) el jueves 22 de este mes a las 22 horas.
Explicaciones no pedidas…
En el trabajo estoy secuestrada por un gigante malvado… diseño curricular de una maestría le nombran los viejos del pueblo.
El aprendiz de ogro devora minutos y mastica sueños inconclusos. Una tesis aguarda con telarañas entre los bytes, los blogs por leer se apilan y en las noches bailan como los zapatos de la canción de Cri Cri; hay más, una ponencia enflaca sólo con el título, y la fecha mientras recorro en el calendario la fecha de entrega, suspirando para ver si con el aire alcanza a publicarse. Pareciera que los grillos se adueñan de mi oficinita, porque ahora todos los días, a partir de las nueve de la mañana soy esclava del gigante.
El problema es que no habrá príncipes, lo único capaz de vencer al enemigo es terminar la encomienda, y como no hay plazo que no se llegue, deberá estar finiquitado para fines de mes.



